 Aunque la ecuación de futuro no esté del todo definida lo que parece claro es que con la decisión de la UDI de no trasladar a la Matthei a la X norte, se ha comenzado a tejer una alianza de largo aliento entre la UDI y Allamand. El partido de Jaime Guzmán demuestra así, nuevamente, que su dogmatismo doctrinario funciona y solo puede ser exitoso en combinación con un frío y audaz pragmatismo político.
La decisión de no colocarle un competidor a Andrés Allamand por parte de la UDI constituye una de esas decisiones políticas inteligentes que puede llegar a tener consecuencias estratégicas relevantes para el futuro de la derecha. En efecto, en lo inmediato representa una hábil movida del gremialismo para que una parte del electorado de derecha que está dubitativo entre apoyar a Piñera o Lavín se vuelque a favor de este último. Esta decisión entrega una señal hacia los sectores más liberales de la derecha –incluido militantes y votantes RN- en la dirección de que Lavín será un candidato integrador de esta sensibilidad. Mediatiza, en este sentido, el discurso de Piñera de que la UDI tiene una pretensión hegemónica y de “extermino” de RN y de los sectores liberales.
En segundo término, prepara las condiciones para que en la eventualidad de que Lavín pase a una segunda vuelta presidencial, encuentre en RN aliados leales para enfrentarse a Bachelet. En efecto, no cabe duda que en un escenario así Allamand estará en la primera fila en los apoyos a Lavín , e incluso puede ser una buena carta como Jefe de campaña en una segunda vuelta (una decisión que si Lavin hubiese tomado el 99 tal vez la historia se habría escrito de otra manera). Si Lavín logra imponerse a Piñera en la primera vuelta puede encontrar en Allamand un actor político creíble dentro de la derecha liberal para construir una campaña con más amplitud política, en un contexto en que el “piñerismo” dará un apoyo bastante pasivo y poco entusiasta.
A su vez, esta decisión puede tener una proyección aún más estratégica. Puede representar el inicio de la construcción de una alianza entre la UDI, el lavinismo y lo que pueda representar Allamand (ahora como Senador de la República) con vistas a rearmar una opción de derecha para el 2009. Ello implica ir aislando a Piñera y lo que éste representa, e impedir que pueda capitalizar el caudal electoral que obtenga en diciembre.
Como toda decisión política audaz ésta no está exenta de riesgos. El primero de ello es que este diseño descansa en que Lavín pueda derrotar a Piñera en primera vuelta, de lo contrario será muy difícil detener las pretensiones de Piñera de consolidarse como el liderazgo de recambio dentro de la derecha. En un esquema así probablemente a la UDI no le quedará más opción que apostar al propio Allamand para enfrentar a Piñera el 2009.
Si por el contrario gana Lavín y la UDI obtiene un buen resultado parlamentario, el gremialismo estará en condiciones óptimas para levantar nuevamente un candidato presidencial, ya sea por tercera vez a Lavín o a un Pablo Longueira exitoso en su carrera senatorial; proyecto al cual podría sumar a un Andrés Allamand eternamente agradecido de la UDI por haberle abierto el camino al Senado.
Aunque la ecuación de futuro no esté del todo definida lo que parece claro es que con la decisión de la UDI de no trasladar a la Matthei a la X norte, se ha comenzado a tejer una alianza de largo aliento entre la UDI y Allamand. El partido de Jaime Guzmán demuestra así, nuevamente, que su dogmatismo doctrinario funciona y puede ser exitoso en combinación con un frío y audaz pragmatismo político. |